Atún YUME
Fotografía firmada por MIKA
Frágil, silencioso e intenso: así es el sueño.
«Atum Yume» no es solo un plato.
Es un estado de ánimo.
Nació en el calor contenido de un pequeño restaurante tradicional en Taormina, Sicilia, entre amigos, emoción auténtica y el raro valor de cocinar sin receta, guiada solo por el instinto. Fue allí donde se reveló por primera vez: como un delicado puente entre el respeto absoluto por la materia prima y la libertad de sentir sin pedir permiso.
Desde entonces, llevo este plato conmigo como un secreto a voces, algo que cambia, pero nunca se pierde. Recientemente, tuve el privilegio de recrearlo en otro rincón del mundo, en The Pr1me Beach Club, en Monte Gordo. Allí, algunos clientes me ofrecieron el mayor regalo que una cocinera puede recibir: su confianza total. Cocinar «lo que me apeteciera». Sin menú. Sin límites. Y decidí volver al sueño de Taormina.
Los clientes son esenciales en la trayectoria de cualquier cocinero. Son los más sinceros. Los más exigentes. Los que nos leen en un solo bocado. Cuando me dicen que han sentido algo, que han emocionado, todo cobra sentido. Por eso cocino. Estoy profundamente agradecida por cada reacción, por cada silencio atento en la mesa, y a mi compañero Nuno, por creer y apoyarme profesionalmente en este intercambio tan íntimo.
Este es un plato que nace del agua y del silencio. Inspirado en gestos lentos y sabores que rechazan la prisa, cada elemento ha sido pensado como parte de una infusión: del mar, de la luz, de algo que no se puede explicar. Hay calor y frescura en un mismo aliento. Texturas que se deshacen, otras que despiertan. Una base profunda como el fondo del océano, donde el tiempo y el sabor finalmente se encuentran. Las notas cítricas emergen como ecos lejanos de limoneros en flor, aportando contraste, precisión y equilibrio. Pero también hay secretos: capas ocultas, intenciones silenciosas, detalles que solo se revelan a quienes saben escuchar con el paladar.

