Sobre creatividad, soledad y ritmo
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un diario sincero sobre los entresijos de la creación
La creatividad no surge con ruido. Ni con prisas. Ni con «me gusta». Surge en soledad. A un ritmo que, en la mayoría de los casos, el mundo que nos rodea no entiende. Para crear con sentido, hay que aprender a callar. A escuchar lo que no se dice. A estar en una habitación, durante horas y horas, con tus ideas y tus propias dudas. Es una danza entre la inspiración y la paciencia, entre el miedo y el deseo de decir algo que realmente importe. Trabajo con las manos, con la luz, con los sabores, con los detalles. A veces con personas. Pero, en la mayoría de los casos, conmigo misma. No es fácil. Ni mágico. Es trabajo. Es introspección. Es una lucha silenciosa entre lo que siento y lo que consigo expresar. Pero es precisamente ahí, en ese silencio, donde comienza la verdadera creación.
La soledad no es enemiga del artista, es su catalizador. Lejos del ruido, encuentro formas, colores, ideas. Platos que hablan. Palabras que cobran forma. Cada proyecto tiene su propio ritmo. Algunos nacen de un fuego interior. Otros fluyen lentamente, en días inciertos. Pero en todos se siente el mismo hilo conductor: mi verdad, tal y como la siento en ese momento.
Aprendí a no tener prisa. A no compararme. A no crear para los algoritmos. Porque lo que realmente queda en la mente y en el corazón de quien te ve... no es la perfección, es la emoción.
La respuesta a la pregunta «¿cómo se construye una marca creativa?», Yo diría: con alma, en soledad y a tu propio ritmo.

