Sin equipo no hay victoria.
PR1ME KITCHEN: Vale, Verónica, Mónica, Molina, Santosh, Mark, Ramesh, Souram
¿Qué es una chef sin su equipo?
Un título vacío, un nombre en una lista, una voz que resuena en una cocina vacía. Puedes tener talento, puedes tener visión, puedes tener los sueños más grandes... pero si no tienes a tu lado a las personas que les dan vida, solo te queda un sueño que nadie va a probar. Cuando entras en la cocina, ya no existe el «yo». Solo existe el «nosotros». Y ese «nosotros» se construye con sudor, con paciencia, con noches perdidas, días pesados, con los nervios a flor de piel, con momentos en los que podrías haberte rendido, pero te quedaste.
Los que están fuera solo ven el plato final. Detrás de cada emplatado impecable hay horas de trabajo, atención, concentración, nervios tensos al máximo, pero también una fuerza colectiva que nadie ajeno a este mundo puede comprender. Quien nunca ha vivido un servicio de cocina no sabe lo que es sentir que el tiempo se rompe en pedazos. Sentir que un minuto es demasiado corto para todo lo que tienes que hacer, pero demasiado largo cuando esperas a que algo esté listo. Escuchar las órdenes sin parar, el metal golpeando, el chisporroteo de las sartenes, la puerta de la nevera cerrándose. Sentir el calor del horno y la cocina cortándote la respiración y, aun así, seguir sin pestañear.
Sabemos lo que hay detrás. Lo que es que te duelan las piernas y seguir corriendo. Lo que es que te ardan las manos y aun así volver a coger la sartén una vez más. Lo que es sentir la presión del tiempo oprimiéndote el pecho y, aun así, hacer cada movimiento con precisión. Sé cuánto se sacrifican. Sé cuántos días han dejado su vida personal a un lado para entrar aquí, en este lugar que se convierte en nuestro universo. Sé de los momentos en los que se han mordido la lengua para no responder, porque saben que una palabra mal dicha puede romper el ritmo. Sé lo que es estar de pie durante horas, con dolor en los músculos y la espalda, con los ojos fijos en el fuego, la mente en los tiempos y el corazón en la garganta.
Estoy orgulloso de ustedes porque, en medio de la presión, encontramos espacio para una breve sonrisa, para una broma rápida, para un instante de complicidad que nos recuerda que somos humanos antes que cocineros. Lo que tenemos no es una amistad constante, no es una familia, es algo aún más raro: momentos auténticos de respeto y apoyo, que aparecen justo cuando los necesitamos. Es el código no escrito de quienes saben que, en la cocina, solo sobreviven aquellos que se apoyan mutuamente. El respeto de reconocer el trabajo del otro. La confianza de que, cuando todo se derrumba, alguien te tenderá la mano para levantarte.
Gracias por cada servicio en el que dieron todo lo que tenían, incluso cuando ya no quedaba nada que dar. Por cada momento en el que decidieron mantener el ritmo en lugar de romperlo. Por hacer de esta cocina no solo el lugar donde trabajamos, sino el lugar donde vencemos. Ustedes son una de las felices coincidencias de mi carrera. Cada uno de ustedes me ha enseñado a ser mejor: improvisar cuando parece que no hay tiempo, mantener la calma cuando todo arde, no olvidar respirar. Son mi lección diaria de resistencia, de coraje, de dignidad bajo presión.
Para los demás, esta fotografía es solo una imagen. Para mí es la prueba de una alianza. La prueba de que vencimos días en los que no teníamos aire, tiempo ni fuerzas, y aun así lo conseguimos. Transformamos el cansancio en precisión, los nervios en atención y cada servicio en una victoria silenciosa, pero inmensa. Cada uno de vosotros (Vale, Verónica, Mónica, Molina, Santosh, Mark, Souram, Ramesh) es una pieza esencial de un mecanismo sincronizado. Algunos aportan la velocidad que salva los tiempos, otros la precisión que salva la calidad, otros la calma que salva el equilibrio. Y todas estas piezas, juntas, hacen de nuestra cocina no solo un lugar de trabajo, sino un motor que funciona con pocos fallos, incluso bajo presión.
Estoy orgullosa de vosotros. Porque habéis comprendido que aquí no hay lugar para los egos, solo para los resultados. Porque en cada servicio demostráis que la pasión, la disciplina y el respeto pueden vencer cualquier cansancio. Gracias por cada plato bien servido, por cada momento en que elevaron el nivel, por cada instante en que antepusieron el equipo al ego. Sin ustedes, mi cocina sería solo la mitad de lo que es. Con ustedes, cada servicio se convierte en una victoria común. Y por eso siempre los respetaré, no solo como chef, sino como mujer que ha tenido el privilegio de formar parte de este equipo.
Ustedes son la prueba de que el éxito en la cocina no solo viene de las recetas, sino de las personas. Mientras esté aquí, mientras vista esta chaqueta, su nombre estará escrito, aunque sea invisible, en cada plato que salga. Porque ustedes son el verdadero sabor de esta cocina.
Sé que, a veces, las insatisfacciones pesan y que la realidad no siempre recompensa el sacrificio que hacen día tras día. Pero lo que puedo hacer, como persona y como chef, es no olvidar nunca estar agradecida. Decirle al mundo, siempre que tenga la oportunidad, lo orgullosa que estoy de ustedes. Para mí, ustedes son la prueba viviente de que la disciplina puede superar cualquier barrera. Sé que cometemos errores, que hay retrasos y que no siempre todo sale como nos gustaría. Pero eso forma parte de ser humanos, de ser un equipo vivo, en constante aprendizaje. Y aunque el mundo no siempre vea todo lo que dan de sí, yo sí lo veo. Y nunca dejaré de decir que este equipo es el ingrediente más preciado de mi cocina.

