Lo mejor es el siguiente paso.
En la cocina, como en la vida, cada paso cuenta. Un detalle demasiado pronto o un instante demasiado tarde pueden cambiarlo todo: la textura, el sabor, la emoción. Pero lo que marca la diferencia entre lo simplemente «bueno» y lo verdaderamente «sorprendente» es precisamente esa búsqueda incansable del siguiente paso.
Para mí, «Lo mejor es el siguiente paso» no es solo una frase motivacional. Es un principio. Una dirección. Una forma de vivir.
En la cocina, el siguiente paso puede ser una nueva técnica, un ingrediente descubierto, una textura que cobra vida. Un nuevo proyecto. Un reto increíble. En el día a día, «el siguiente paso» significa lo mismo: un gesto mejor, una decisión más consciente, un momento en el que elijo estar más presente, más tranquila, más valiente. A veces es fácil perderse entre la presión, el ruido y el cansancio. Pero ahí es cuando recuerdo: la perfección no es un lugar, es un movimiento. Es el camino. Al igual que el sabor perfecto no existe sin equilibrio, la vida tampoco tiene sentido sin transformación.
En la cocina, nada es estático. Un plato nunca se repite de la misma manera, porque cada día trae una energía diferente, un estado de ánimo diferente, un toque distinto de sal en la punta de la lengua. Y la vida es igual: una mezcla impredecible de ingredientes, a veces dulces, otras veces amargos, pero siempre llenos de sentido si sabes cómo colocarlos en el plato. Cuando estás en medio del servicio, todo se basa en el timing, en la intuición, en los sentimientos. Fuera de la cocina, es lo mismo, solo cambian los ingredientes: las decisiones, las personas, las reacciones. Y también aquí, un solo paso puede cambiarlo todo.
«Lo mejor es el siguiente paso» se ha convertido en mi brújula. Me guía en la cocina, cuando pruebo, fallo y vuelvo a acertar, pero también cada mañana, cuando decido seguir adelante, independientemente de cómo haya ido el día anterior. Me enseña a no quedarme atrapada en los resultados, sino a mirar siempre más allá, hacia lo que puedo hacer mejor, con más claridad, con más verdad. Porque el verdadero progreso no se mide en aplausos, sino en el silencio del momento en el que sabes que has evolucionado. Que has aportado un toque más refinado, un sabor más limpio, una emoción más sincera.
He aprendido que«lo mejor»no es un destino, sino un estado de movimiento.
Es cuando vuelves a preparar un plato solo porque sabes que puede quedar más delicado.
Es cuando dejas de compararte con los demás y empiezas a compararte solo con quien fuiste ayer.
Es cuando decides volver a intentarlo, aunque estés cansada, pero con pasión.
En la vida, al igual que en la cocina, no hay finales definitivos. Hay transiciones, nuevos aromas, texturas que nacen del valor de seguir adelante. «Lo mejor es el siguiente paso» es más que una frase bonita. Es una actitud. Es la forma en que construyo mi trabajo, mis relaciones, mis pensamientos. Es la forma en que elijo vivir. Porque cada día, por muy bueno que haya sido el anterior, sé que hoy puedo añadir algo más: una idea, un sabor, una nueva forma de ver el mundo. Y es eso, ese deseo de seguir adelante, lo que realmente define la evolución.

